Sabes? Estoy hasta las pelotas de la gente que, cuando puede elegir. elige tenerlo todo. No, no os confundáis, no son triunfadores (esos hacen las elecciones correctas) ni ambiciosos (esos trabajan para poder tener más posibilidades) , son meros cobardes bloqueados ante el pánico de equivocarse, presuntuosos que avanzan por el camino sin acordarse de que se cruzan con más viajeros.
Sí, estoy harto de la cobardía, a veces hay que echarle dos pelotas y equivocarse, y muchas veces, más de las que pensamos, tendremos que hacer pie en la piscina del desastre, tocar fondo y darnos impulso para resurgir.
Otra oportunidad más que se pasa, y otra puerta menos que abrir, este es el resumen.
Pdt: A veces los caminos se cierran por voluntad propia, no te extrañes.
Ppdt: Mañana, antes de salir de casa, te vas a mirar al espejo, y te vas a decir todo lo que te gusta de ti. Tómalo como un consejo, pero si no me vas a hacer caso, es una orden ;)
domingo, 29 de enero de 2012
domingo, 15 de enero de 2012
Soy experto en echar leña sobre hogueras apagadas.
Cuando abrí este documento de Word, pretendía escribir un artículo de esos de “reclutamiento”, pero las musas son caprichosas y la Inspiración viene y va.
He aprendido mucho en los últimos meses. Mucho sobre los demás y sobre mi mismo. Sobre la amistad y los amigos también, porqué no decirlo. He descubierto que el pasado se borra de un plumazo, y que los proyectos de futuro se van con la misma facilidad.
He visto como, de repente, se soltaban las amarras de mi vida, y me he descubierto navegando a la deriva entre tormentas.
Valoro más las pequeñas cosas, mucho más: los cafés en la mesa (cortado para ti, con leche para mi, ambos con sacarina) , las cañas clandestinas ( la tuya con limón, que no te gusta del todo el sabor de la cerveza, no se me olvida), los paseos, las llamadas telefónicas eternas, los encuentros fugaces en andenes (nunca me sabrán a suficiente, Domadora). Son pequeñas rutinas que he aprendido a disfrutar mucho más, porque no me hace falta tenerlo todo para poder llegar a ser feliz.
Por otra parte, me he asomado a eso que dicen que es “ser mayor”. Ese momento en el que asumes que la mayoría de los problemas quedan fuera de tus manos y no puedes hacer nada para evitarlo. Como no me gusta demasiado, he decidido que voy a obviar esa pequeña parte, y aunque no podamos salvar el mundo todas las semanas, soy feliz con salvar nuestro mundo cada vez que hace falta.
¿Dar las gracias? Muchas veces. A casi todos tengo que daros las gracias. A los que se han ido y a los que se quedan. Gracias:
Gracias Princesa, por ser mi Princesa. Gracias Domadora, por ser siempre ese soplo de brisa fresca. Gracias Guía, por conocerme mejor que yo. Gracias Dama de la Tinta, porque juntos crecimos (a ti te espero en los andenes, aunque la vida nos haya distanciado). Gracias Compañera, por intentar cuidar de todos incluso cuando tú no puedes más, te debemos una. Gracias al Elefante, por poner últimamente el pilar maestro de la razón, y contigo va el Chico de la Sonrisa Sempiterna. Gracias TaChu, aunque no creo que leas esto, por muchas cosas. Gracias Pajarillo, por esos cafés que tantos nudos han deshecho. Me dejo a más de uno, lo sé. Sé que la Chica de la Biblioteca se va a negar a identificarse aquí aunque la citase con nombres y apellidos. También sé que todos estos parecen mucha gente para ser considerados amigos, pero qué queréis que os diga, son mi mundo, y a mi me valen ¿Algún problema? Pues cuando encontréis el libro de reclamaciones ponéis una.
Toca poner un punto final. Vamos a empezar otra historia.
He aprendido mucho en los últimos meses. Mucho sobre los demás y sobre mi mismo. Sobre la amistad y los amigos también, porqué no decirlo. He descubierto que el pasado se borra de un plumazo, y que los proyectos de futuro se van con la misma facilidad.
He visto como, de repente, se soltaban las amarras de mi vida, y me he descubierto navegando a la deriva entre tormentas.
Valoro más las pequeñas cosas, mucho más: los cafés en la mesa (cortado para ti, con leche para mi, ambos con sacarina) , las cañas clandestinas ( la tuya con limón, que no te gusta del todo el sabor de la cerveza, no se me olvida), los paseos, las llamadas telefónicas eternas, los encuentros fugaces en andenes (nunca me sabrán a suficiente, Domadora). Son pequeñas rutinas que he aprendido a disfrutar mucho más, porque no me hace falta tenerlo todo para poder llegar a ser feliz.
Por otra parte, me he asomado a eso que dicen que es “ser mayor”. Ese momento en el que asumes que la mayoría de los problemas quedan fuera de tus manos y no puedes hacer nada para evitarlo. Como no me gusta demasiado, he decidido que voy a obviar esa pequeña parte, y aunque no podamos salvar el mundo todas las semanas, soy feliz con salvar nuestro mundo cada vez que hace falta.
¿Dar las gracias? Muchas veces. A casi todos tengo que daros las gracias. A los que se han ido y a los que se quedan. Gracias:
Gracias Princesa, por ser mi Princesa. Gracias Domadora, por ser siempre ese soplo de brisa fresca. Gracias Guía, por conocerme mejor que yo. Gracias Dama de la Tinta, porque juntos crecimos (a ti te espero en los andenes, aunque la vida nos haya distanciado). Gracias Compañera, por intentar cuidar de todos incluso cuando tú no puedes más, te debemos una. Gracias al Elefante, por poner últimamente el pilar maestro de la razón, y contigo va el Chico de la Sonrisa Sempiterna. Gracias TaChu, aunque no creo que leas esto, por muchas cosas. Gracias Pajarillo, por esos cafés que tantos nudos han deshecho. Me dejo a más de uno, lo sé. Sé que la Chica de la Biblioteca se va a negar a identificarse aquí aunque la citase con nombres y apellidos. También sé que todos estos parecen mucha gente para ser considerados amigos, pero qué queréis que os diga, son mi mundo, y a mi me valen ¿Algún problema? Pues cuando encontréis el libro de reclamaciones ponéis una.
Toca poner un punto final. Vamos a empezar otra historia.
jueves, 5 de enero de 2012
Esta ciudad me mata. No sé cuántas veces lo he dicho ya, pero con Madrid tengo una relación de amor-odio muy compleja. Sus calles, su gente, sus bocas de metro, sus historias... No hay Dios que no quede atrapado por sus garras de asfalto.
Paseaba por el centro, atestado como es habitual en estas fechas, con dos amigos que hace poco que están saliendo. Quizá la gente que los vea pasar no crea que tienen nada de especial, incluso es probable que pasen inadvertidos. Los que los conocemos, sabemos que, si bien no existe ninguna historia épica digna de ser contada a sus nietos, nadie, absolutamente nadie, se merece más poder lucir esa sonrisa sincera aunque sea por un segundo. Ahora mi princesa es de otro príncipe, espero que me la cuide bien.
Sé que me estás leyendo, Compañera (¡Chócala!) Ahora te estás riendo. Ahora te estás poniendo roja. Y en los próximos cinco segundos habrás ideado 10 maneras distintas de matarme, a cada cuál más dolorosa e ingeniosa que la anterior. Seamos serios (Venga, sí, ríete otra vez, que no puedes aguantarte). ¿Ya?
No sé muy bien cómo decirlo. He discutido contigo 100.000 acerca de este tema. ¿Ha muerto el Romanticismo? Insistes en que no. Yo insistía en que sí. (Para qué vamos a estar de acuerdo si podemos discutir ¿No?) Te voy a dar la razón, pero que no sirva de precedente: No, no ha muerto. Nada muere mientras se guarde su recuerdo. Quiero que resucites esa parte de ti. La parte que a cada uno nos hace distintos. La parte que no tiene miedo de lanzarse al vacío, que cuando está cayendo piensa "ya me levantaré", que cuando perdona, olvida, y todo vuelve a ser como la primera vez. Esa parte que se envenena con el día a día, que se esconde y se arrincona para morir de hambre. ¿Duele? Mucho... Me conoces desde hace el tiempo suficiente para saber cómo he cambiado. Me has visto endurecerme y hacerme callo... Ya no duele, cierto, y precisamente por eso, estoy menos vivo. No te dejes morir, amiga, porque no merece la pena.
Ains, necesitaba decirle esto a alguien :)
Paseaba por el centro, atestado como es habitual en estas fechas, con dos amigos que hace poco que están saliendo. Quizá la gente que los vea pasar no crea que tienen nada de especial, incluso es probable que pasen inadvertidos. Los que los conocemos, sabemos que, si bien no existe ninguna historia épica digna de ser contada a sus nietos, nadie, absolutamente nadie, se merece más poder lucir esa sonrisa sincera aunque sea por un segundo. Ahora mi princesa es de otro príncipe, espero que me la cuide bien.
Sé que me estás leyendo, Compañera (¡Chócala!) Ahora te estás riendo. Ahora te estás poniendo roja. Y en los próximos cinco segundos habrás ideado 10 maneras distintas de matarme, a cada cuál más dolorosa e ingeniosa que la anterior. Seamos serios (Venga, sí, ríete otra vez, que no puedes aguantarte). ¿Ya?
No sé muy bien cómo decirlo. He discutido contigo 100.000 acerca de este tema. ¿Ha muerto el Romanticismo? Insistes en que no. Yo insistía en que sí. (Para qué vamos a estar de acuerdo si podemos discutir ¿No?) Te voy a dar la razón, pero que no sirva de precedente: No, no ha muerto. Nada muere mientras se guarde su recuerdo. Quiero que resucites esa parte de ti. La parte que a cada uno nos hace distintos. La parte que no tiene miedo de lanzarse al vacío, que cuando está cayendo piensa "ya me levantaré", que cuando perdona, olvida, y todo vuelve a ser como la primera vez. Esa parte que se envenena con el día a día, que se esconde y se arrincona para morir de hambre. ¿Duele? Mucho... Me conoces desde hace el tiempo suficiente para saber cómo he cambiado. Me has visto endurecerme y hacerme callo... Ya no duele, cierto, y precisamente por eso, estoy menos vivo. No te dejes morir, amiga, porque no merece la pena.
Ains, necesitaba decirle esto a alguien :)
domingo, 13 de noviembre de 2011
Prométeme.
Prometámonos.
¿Me prometes?
Yo te prometo.
¿El qué nos prometemos?
Yo no te prometo nada
que no pueda cumplir.
Yo no prometo por miedo a
tener que cumplir lo que digo.
Prometámonos.
¿El qué nos prometemos?
Prométeme que siempre
serás capaz de sonreír.
No puedo prometerte nada.
Prométeme que no vas
llorar
Tengo que insistir en
que me lo prometas.
No insistas, no vas a
conseguir nada.
Promételo.
Está bien. Está bien.
Yo prometo que
Nunca más
siempre
trataré de sonreir//me verás llorar
Prometámonos.
¿Me prometes?
Yo te prometo.
¿El qué nos prometemos?
Yo no te prometo nada
que no pueda cumplir.
Yo no prometo por miedo a
tener que cumplir lo que digo.
Prometámonos.
¿El qué nos prometemos?
Prométeme que siempre
serás capaz de sonreír.
No puedo prometerte nada.
Prométeme que no vas
llorar
Tengo que insistir en
que me lo prometas.
No insistas, no vas a
conseguir nada.
Promételo.
Está bien. Está bien.
Yo prometo que
Nunca más
siempre
trataré de sonreir//me verás llorar
viernes, 11 de noviembre de 2011
Mierda, eso eres.
Mierda, eso eres. Mierda que un día aprendió a hablar. Deshechos de cerdo que un día adoptó forma y conciencia de si mismo (y sólo de si mismo)
Te haces llamar hombre, persona. Perdona que me ría, no tienes ni la mitad de lo que hace falta para recibir tales calificativos. Ni siquiera, so mierda, te clasificaría de humano.
¿Te atreves a mirarte al espejo? ¿Te atreves a mirar a tu familia? No tienes lo que hay que tener, estoy convencido. Mierda, eres pura mierda. Escoria de la escoria, ceniza de la ceniza.
¿Eres capaz de escuchar a tu hija? ¿Eres capaz de mirar a sus ojos? No es posible que seas capaz. No deberías ser capaz. Escucha la verdad ¿Duele? Te lo mereces. Te mereces eso y más. Te mereces todos los gritos e insultos que alguna vez has proferido. Te mereces que te hieran igual, las mismas cicatrices, los mismos miedos. Mereces llorar igual, y que nadie te consuele.
¿Sabes de lo que me alegro? Algún día morirás. Viejo, enfermo y solo. Quizás entonces te arrepientas. Sinceramente, espero que nadie esté allí para verlo.
Te haces llamar hombre, persona. Perdona que me ría, no tienes ni la mitad de lo que hace falta para recibir tales calificativos. Ni siquiera, so mierda, te clasificaría de humano.
¿Te atreves a mirarte al espejo? ¿Te atreves a mirar a tu familia? No tienes lo que hay que tener, estoy convencido. Mierda, eres pura mierda. Escoria de la escoria, ceniza de la ceniza.
¿Eres capaz de escuchar a tu hija? ¿Eres capaz de mirar a sus ojos? No es posible que seas capaz. No deberías ser capaz. Escucha la verdad ¿Duele? Te lo mereces. Te mereces eso y más. Te mereces todos los gritos e insultos que alguna vez has proferido. Te mereces que te hieran igual, las mismas cicatrices, los mismos miedos. Mereces llorar igual, y que nadie te consuele.
¿Sabes de lo que me alegro? Algún día morirás. Viejo, enfermo y solo. Quizás entonces te arrepientas. Sinceramente, espero que nadie esté allí para verlo.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Los paraguas grandes me recuerdan a ti.
Que sepas que los paraguas grandes siempre me recordarán a ti. Igual que las tardes de domingo frías escondidos en cualquier cafetería. Igual que las miradas furtivas en un restaurante. De la misma manera que los cafés eternos y las escaleras de Ópera.
Y es que, citando al gran Neruda, en tardes como esta te tuve entre mis brazos, ¡Te besé tantas veces bajo el cielo infinito!
Que te vaya bonito, viejo amigo, fue un placer coincidir contigo.
Y es que, citando al gran Neruda, en tardes como esta te tuve entre mis brazos, ¡Te besé tantas veces bajo el cielo infinito!
Que te vaya bonito, viejo amigo, fue un placer coincidir contigo.
jueves, 27 de octubre de 2011
Me fui a cumplir con su encargo maldito
Alzad vuestras copas y brindar con el último segundo, que ya no volverá.
Aunque es asquerosamente presuntuoso, los años pesan como losas. Recuerdo cuando pensaba que podía cambiar el mundo a mi antojo, sólo con mis palabras. Recuerdo cuando pensaba que el primer amor era el único. Recuerdo cuando la política no era más que una cosa de adultos, de la que yo poco entendía, y aún menos me preocupaba.
Me viene a la mente cuando nunca había visto llorar a mi princesa (ese día en el que perdí los últimos restos de inocencia). La primera vez que cogí en brazos a mi pequeña reina y a mi pequeño rey. Ahora han crecido, y para cogerlos en brazos hacen falta un buen par de aledaños.
Hubo un momento en el que creía que "Siempre" significaba algo, y que "Nunca" no iba más lejos de una semana.
No peleaba con un alma torturada. No me buscaba a mi mismo en los demás. No trataba de limpiar mi conciencia con escobazos maltrechos.
¿Pesan o no pesan los años? No obstante, seguimos empeñados en sentirnos vivos.
Aunque es asquerosamente presuntuoso, los años pesan como losas. Recuerdo cuando pensaba que podía cambiar el mundo a mi antojo, sólo con mis palabras. Recuerdo cuando pensaba que el primer amor era el único. Recuerdo cuando la política no era más que una cosa de adultos, de la que yo poco entendía, y aún menos me preocupaba.
Me viene a la mente cuando nunca había visto llorar a mi princesa (ese día en el que perdí los últimos restos de inocencia). La primera vez que cogí en brazos a mi pequeña reina y a mi pequeño rey. Ahora han crecido, y para cogerlos en brazos hacen falta un buen par de aledaños.
Hubo un momento en el que creía que "Siempre" significaba algo, y que "Nunca" no iba más lejos de una semana.
No peleaba con un alma torturada. No me buscaba a mi mismo en los demás. No trataba de limpiar mi conciencia con escobazos maltrechos.
¿Pesan o no pesan los años? No obstante, seguimos empeñados en sentirnos vivos.
sábado, 22 de octubre de 2011
Supersolidario...
Parece que el gusanillo de la escritura me vuelve a picar de vez en cuando... Hubo una época en que escribí para no ser leído, y aunque a veces un folio en blanco ha resultado ser el mejor psicólogo y el que más me ha entendido, ahora siento que necesito expresarme. Expresarme, comunicar lo que pienso, abrirme un poco al mundo...
Ayer discutí con un amigo. Me hablaba de un chico al que ha conocido que parece ser guapísimo, y que además, es, según las palabras de mi amigo "supersolidario" y "muy buena persona". Picado ante la curiosidad de que exista alguien que parezca ser tan perfecto, le pregunté y empezó a contarme que ese chico se dedica a estudiar Educación Social , y que hace animación sociocultural en un centro cívico, además de colaborar con una protectora de animales.
Curiosamente, llevo una temporada planteándome empezar Educación Social por la UNED. Animación sociocultural es lo que hago con Los Argonautas. Y vale, no trabajo con animales... Pero creo que entre colaborar con ApoyoLGBT (ayuda a adolescentes... mucho más salvajes que la mayoría de mascotas) y algunos de mis amigos, lo igualo.
¿Cuál es, pues, la diferencia, entre ese chico genial y yo?
Él se gasta un cuerpazo. Yo no.
Y este es el mundo en el que vivimos. Da asco ¿Eh?
[Como nota a pie de página, quiero añadir que no, mi amigo no me gusta, que es lo que me preguntó una persona a la que le conté este tema.]
[Como segunda nota a pie de página, nótese que he hablado de "cuerpazo", que feo no me considero, XD]
Ayer discutí con un amigo. Me hablaba de un chico al que ha conocido que parece ser guapísimo, y que además, es, según las palabras de mi amigo "supersolidario" y "muy buena persona". Picado ante la curiosidad de que exista alguien que parezca ser tan perfecto, le pregunté y empezó a contarme que ese chico se dedica a estudiar Educación Social , y que hace animación sociocultural en un centro cívico, además de colaborar con una protectora de animales.
Curiosamente, llevo una temporada planteándome empezar Educación Social por la UNED. Animación sociocultural es lo que hago con Los Argonautas. Y vale, no trabajo con animales... Pero creo que entre colaborar con ApoyoLGBT (ayuda a adolescentes... mucho más salvajes que la mayoría de mascotas) y algunos de mis amigos, lo igualo.
¿Cuál es, pues, la diferencia, entre ese chico genial y yo?
Él se gasta un cuerpazo. Yo no.
Y este es el mundo en el que vivimos. Da asco ¿Eh?
[Como nota a pie de página, quiero añadir que no, mi amigo no me gusta, que es lo que me preguntó una persona a la que le conté este tema.]
[Como segunda nota a pie de página, nótese que he hablado de "cuerpazo", que feo no me considero, XD]
jueves, 20 de octubre de 2011
Tequila, vodka, ron y café.
" Y no sé qué coño hacer con mi vida y he escrito esto mismo ya mil veces, y supongo que imaginas que ahora estoy llorando, jodida estúpida."
Incluso a los 20 años, puedes llegar a un momento de tu vida en el que te encuentras perdido. No sabes hacia dónde encaminarte, no tienes nada a lo que atarte y tampoco sabes lo que quieres.
Caminas errante, vagabundo, sin miedo, porque sabes que no tienes nada que perder. Hoy eres feliz, esta mañana salió el sol. Anoche, llorabas amargamente en tu enorme cama de 80 centímetros de ancho. Nunca tienes claro si estás sólo o acompañado. A veces te sientes comprendido. Otras, sabes que ni el vodka ni el tequila desharán ese nudo en tu garganta que te impide gritar.
-"¿Sin miedo?" Ignorante... Por supuesto que tienes miedo. Quieres gritar que eres libre cuando sientes que no existen lazos que te aten, y dices que estás reflexionando mientras sabes la verdad aunque te de miedo asumirla.
-Es todo taaaaaaaan extraño- bostezas perezosamente entre café y café- Recuerdo la seguridad que transmitía todo cuando era pequeño... Pero ahora... ahora apenas recuerdo de dónde vengo, y mucho menos quién soy.
-¡Gilipolleces! ¿Quieres mirar a tu alrededor? ¿Cómo te atreves a decir que estás solo? -Grita una tercera voz en tu interior, sin lugar a dudas, la más optimista- Solo estabas cuando llorabas a escondidas, cuando nadie te conocía. Solo estuviste cuando intentaron destruirte... ¿Ahora? Ahora no estás solo, sólo asustado.
Las puertas del mundo se abren al son de nuestros pasos, y todos nosotros, que siempre hemos querido volar más alto y más lejos que nadie, nos descubrimos pequeñitos y temerosos de estirar las alas, porque en el fondo seguimos siendo niños. Y es la inocencia de los niños la que nos permitirá llegar más allá de lo que jamás soñamos.
Incluso a los 20 años, puedes llegar a un momento de tu vida en el que te encuentras perdido. No sabes hacia dónde encaminarte, no tienes nada a lo que atarte y tampoco sabes lo que quieres.
Caminas errante, vagabundo, sin miedo, porque sabes que no tienes nada que perder. Hoy eres feliz, esta mañana salió el sol. Anoche, llorabas amargamente en tu enorme cama de 80 centímetros de ancho. Nunca tienes claro si estás sólo o acompañado. A veces te sientes comprendido. Otras, sabes que ni el vodka ni el tequila desharán ese nudo en tu garganta que te impide gritar.
-"¿Sin miedo?" Ignorante... Por supuesto que tienes miedo. Quieres gritar que eres libre cuando sientes que no existen lazos que te aten, y dices que estás reflexionando mientras sabes la verdad aunque te de miedo asumirla.
-Es todo taaaaaaaan extraño- bostezas perezosamente entre café y café- Recuerdo la seguridad que transmitía todo cuando era pequeño... Pero ahora... ahora apenas recuerdo de dónde vengo, y mucho menos quién soy.
-¡Gilipolleces! ¿Quieres mirar a tu alrededor? ¿Cómo te atreves a decir que estás solo? -Grita una tercera voz en tu interior, sin lugar a dudas, la más optimista- Solo estabas cuando llorabas a escondidas, cuando nadie te conocía. Solo estuviste cuando intentaron destruirte... ¿Ahora? Ahora no estás solo, sólo asustado.
Las puertas del mundo se abren al son de nuestros pasos, y todos nosotros, que siempre hemos querido volar más alto y más lejos que nadie, nos descubrimos pequeñitos y temerosos de estirar las alas, porque en el fondo seguimos siendo niños. Y es la inocencia de los niños la que nos permitirá llegar más allá de lo que jamás soñamos.
lunes, 27 de junio de 2011
Un viejo profesor
Dicen de mi que siempre tengo una sonrisa en los labios para quien la necesita... Una palabra de ánimo, un apretón o un cachito de chocolate.
Ser el fuerte cuando el otro es débil, mantener la calma cuando el otro llora, dibujar sonrisas en corazones heridos. Un bonito trabajo que me ha aportado más satisfacciones de las que quizás esté dispuesto a reconocer. Recuerdo que los llamábamos, entre risas "mis proyectos" , y cuando hablo con ellos, me siento como aquel viejo profesor de matemáticas de la escuela al que sus alumnos vienen a contar años después que ahora han acabado la carrera, están trabajando, y han formado su propia familia...
Como un viejo profesor, exactamente. Me siento cansado en este sitio, en la misma silla donde empecé a escribir este blog, bajo la luz de la misma farola.
Todos avanzan, hacia delante o hacia detrás, en línea recta o dando tumbos... Y yo... ¿Hacia dónde voy?
Ser el fuerte cuando el otro es débil, mantener la calma cuando el otro llora, dibujar sonrisas en corazones heridos. Un bonito trabajo que me ha aportado más satisfacciones de las que quizás esté dispuesto a reconocer. Recuerdo que los llamábamos, entre risas "mis proyectos" , y cuando hablo con ellos, me siento como aquel viejo profesor de matemáticas de la escuela al que sus alumnos vienen a contar años después que ahora han acabado la carrera, están trabajando, y han formado su propia familia...
Como un viejo profesor, exactamente. Me siento cansado en este sitio, en la misma silla donde empecé a escribir este blog, bajo la luz de la misma farola.
Todos avanzan, hacia delante o hacia detrás, en línea recta o dando tumbos... Y yo... ¿Hacia dónde voy?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
